Carlos Lagunas

-“Y ya viste que dice”, le comenta Chuy. “El origen de mi familia es Belén y ¿tú sabes acaso quien nació ahí?”. El genízaro se quedó pasmado, no sabía que decir. “¡¡qué mal cristiano eres!!”

Conocí a Chuy Pader en la primera campaña para diputado federal que desarrolló Javier Guerrero en 1991. Desde el primer contacto me mostro su bonhomía y un trato amistoso que me permitió una relación de confianza. Lo vi de forma esporádica los siguientes años. En 1999, cuando Javier Guerrero me propuso acompañarlo en la campaña de gobernador de Enrique Martínez, volví a tratarlo de forma más continua.

En diciembre de ese año ambos nos incorporamos a la Secretaria de Finanzas encabezada por Javier. El como responsable del área fiscal y yo en la secretaría técnica. Nuestro trato se volvió continuo y siempre amistoso. Una noche en la que concluimos una reunión de trabajo, me propuso ir a cenar algo. Nos fuimos a comer unos tacos. Como era tarde en ese entonces en Saltillo la policía municipal tenía la mala costumbre de parar a quienes se le pegaba la gana, en busca de una “cuota” para no actuar por supuestas faltas.


Nos detuvo una patrulla. Chuy se estacionó. El venía al volante. Se acerca el policía y nos hace bajar a los dos con el supuesto cargo de venir manejando de forma irregular. Pidió la licencia a Jesús. En ese momento Chuy engola la voz y le dice al policía: “¿sabes con quien te estas metiendo?” a la vez que sacaba lo que yo suponía era su licencia y se la ponía en la cara al policía. Yo pensé que estaba haciendo gala de su puesto en el gobierno estatal. Y me parecía bien porque el acto policial era arbitrario. Y el agente se le queda viendo al documento y dice “y eso que…. es solo un acta de nacimiento”.


“Y ya viste que dice”, le comenta Chuy. “El origen de mi familia es Belén y ¿tú sabes acaso quien nació ahí?”. El genízaro se quedó pasmado, no sabía que decir. “¡¡qué mal cristiano eres!!” “Belén es la tierra de Jesús, nuestro padre…y mi familia desciende de la familia de él” El agente se quedó atónito y solo balbuceó “está bien, ya váyanse”. Nos subimos al vehículo, muy serios. Cuando la patrulla arrancó, soltamos al unísono una fuerte carcajada.


“Esta influencia no falla; mi Carlos” Y arrancamos sonrientes.

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