Carolina Dávila Pader

- Inconmensurable: que es muy difícil o imposible de medir o valorar. Así de grande es el sentimiento de vacío que hoy irrumpe en nuestras vidas por tu partida.


La nostalgia nos invade y se siente hasta en el más recóndito rincón de nuestros corazones, pues fuiste un ser mágico, que llevaba luz y amor a su paso, que si tienes la suerte y la fortuna, llegas a coincidir con personas así una sola vez en la vida. Es tanta la magia y el amor que brindaste a los demás, que tú ausencia se siente en cada respiro que se convierte en suspiro al momento de recordarte. Humildad, carisma, sencillez, bondad, lealtad, amistad, son algunas pocas características que te preceden. Jesús Pader, Don Chuy Pader, un hombre lleno de sueños, de planes, de ideales, que irradiaba luz con su presencia, siempre con una sonrisa y un buen saludo para el que se cruzara en su camino, y casi siempre, hasta un buen consejo se llevaban de cortesía, la mayoría de las veces no lo pedían, pero él era tan sabio, que sólo con verte a los ojos o escucharte hablar, tenia las palabras correctas, que encajaban en tu vida para darte la paz que tanto necesitabas sentir.


Incansable guerrero de su querido y amado Melchor Múzquiz, que siempre llevo en lo más alto el nombre del pueblo que lo vio crecer, hiciste hasta lo imposible por ayudar a tu gente y lo más importante, después de ti, fue un mejor lugar. El apodo que te dio la gente, te lo ganaste a pulso: Don Chuy Pader , "El amigo del pueblo", "Mi buen amigo", "El amigo que no falla".


Esposo inigualable, el amor eterno que le diste a mi abuela, era de esos que solo vemos en las películas. No digo que todo siempre era miel sobre hojuelas, pero la manera en la que jamás se soltaron de las manos, la manera en la que hablaba de ella, del amor que le tenía y de cómo a pesar de muchos obstáculos siempre salieron adelante juntos. Yo creo que por esa y muchas otras razones nos exigimos tanto cuando buscamos un amor.


Fuiste un padre que se desvivía por darle todo a sus hijos, por consentirlos, por enseñarlos, pero sobre todo te esforzaste por qué fueran personas de bien, les inculcaste valores que hoy portan con orgullo en sus vidas y son el legado más grande que dejaste en este mundo. Cada uno de ellos es tu vivo recuerdo.


El hermano al que todos buscaban, eras el mediador, el referí, tenías el poder de dar calma y tranquilidad a cada situación, y hasta encontrabas el espacio perfecto para contar un chiste que amenizaba todo. Siempre fue una alegría para ti el reunirte con tus hermanos, tanto, que brindabas y le agradecías a Dios cada que se veían por qué sabías que esos momentos eran un regalo, un tesoro.


Y de abuelo, que te puedo decir, como abuelo, llegaste a ser tan importante en nuestras vidas, tan indispensable. No hubo jamás algún reproche de ninguno de tus nietos. No tengo memoria de alguna discusión, de algún mal rato. Te empeñaste en ser el mayor ejemplo para cada uno de nosotros y lo lograste. Fuiste nuestro mejor amigo y nuestro cómplice. Después de cada travesura corríamos contigo pues eras nuestro protector. Contigo nada malo nos podía pasar. Fuiste nuestro maestro más grande, nos regalaste un mundo de enseñanzas y buenos consejos que de hoy en adelante nos tocara poner en práctica.


Hoy nuestros corazones palpitan un poco más lento, nuestros ojos se inhundan con agua salada, nuestras sonrisas se pausaron momentáneamente. Llego la hora, Dios necesita a su hijo de regreso, su misión en esta vida concluyó con éxito. Se graduó con honores del mundo terrenal, hizo un posgrado en buenas acciones y un diplomado en cómo hacer feliz a la gente. Hoy Dios nuestro padre nos recuerda que estamos de paso en esta vida y que en su momento a todos nos querrá de regreso a su lado, y este es el tuyo, pues estoy segura que los planes que tiene para ti son más grandes de los que alguno de nosotros pudiera imaginar, que si aquí en la tierra cambiaste tantas vidas, regalaste tantas sonrisas, diste tanto amor, ayudaste a tanta gente, a su lado harás cosas inimaginables.


Tenemos mucha chamba, ahora nos toca aplicar todos esos consejos que nos diste y sobre todo, compartirlos con el mundo. Nadie nos advirtió que extrañar, es el costo que tienen los buenos momentos y tú mi queridísimo Don Chuy nos dejaste una vida entera de esos buenos momentos. No te decimos -"Adiós"-, con un -"Nos vemos luego"- basta. Porqué créeme, nos volveremos a ver, y cuando eso pase, va a ser para no separarnos nunca más.


Y uno de los tantos consejos que nos decía mi abuelo: -"No vivas para que tu presencia se note, si no para que tu ausencia se sienta"-.

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