Alfonso Yáñez Arreola

- Don Chuy escuchaba a quien lo buscaba, recuerdo que mis amigos contribuyentes del transporte público prácticamente acudían 3 horas para platicar y acordar las facilidades en materia tributaria.

Mi estimado Don Chuy;


Conocí a Don Jesús Alberto Pader Villareal, cuando fui nombrado Recaudador de Rentas de Saltillo en 2003, en ese entonces Don Chuy era titular de la Dirección General de Recaudación en la Secretaría de Finanzas del Gobierno del Estado. Un hombre bueno, muy alegre, siempre disponible, de peculiar sentido del humor y siempre atento y dispuesto a escuchar y resolver problemas. Hablar de Don Chuy, se acompaña siempre de una sonrisa sincera, de quienes tuvimos la oportunidad de conocerlo y lo recordamos con respeto y aprecio; hablar de Don Chuy es visualizar a su querido Múzquiz, recordar sus pláticas acompañadas siempre de chistes y un gran sentido del humor, reflexionar la nobleza de su carácter y la sencillez en la solución de la agenda de las responsabilidades, que tuvo en su vida profesional.


La presencia de Don Chuy siempre era garantía de calidez y camaradería. A pesar de no convivir diariamente, los tres años que tuve oportunidad de conocerlo y trabajar con él van de la mano con una batería de anécdotas que siempre reflejaron su capacidad de adaptarse a los nuevos tiempos, de escuchar y apoyar estrategias de mejora y eficiencia; a él le interesaba mejorar el servicio a lxs contribuyentes. Quien era escuchadx por Don Chuy obtenía una oportunidad o solución parcial o total a sus planteamientos, si esto no era posible salía contentx y satisfechx con la plática y el tiempo dispensado. Recuerdo que Don Chuy disfrutaba detener su camioneta y bajar a saludar a los contribuyentes, cuando pasaba por la esquina de las calles Presidente Cárdenas y Rayón. “Aquí anda el Señor Pader”, mencionaba el persona y mi respuesta era: si, anda saludando y escuchando a la gente. Hombre sensible y comprometido que con ejemplo enseñaba la gran vocación al servicio público.


Don Chuy escuchaba a quien lo buscaba, recuerdo que mis amigos contribuyentes del transporte público prácticamente acudían 3 horas para platicar y acordar las facilidades en materia tributaria. Salían contentos, independientemente de que solucionaran total, parcial o no solucionaran todos los planteamientos. Cada visita a su oficina me recuerda las anécdotas de los paisajes de su natal Múzquiz, ilustrados en la decoración de su oficina en Castelar y General Cepeda, segundo piso; recuerdo que regularmente estaba firmando y no olvido su firma, que incluía lo que parecía ser una cara feliz. Don Chuy deja un vacío en todos sus amigos, brindamos por sus valores del espiritú, sus vicencias y su encuentro con la luz. Sin duda descansa en paz y satisfecho; alegrando el lugar donde se encuentre.


Desde aquí va un fuerte abrazo a mi querido amigo Jesús Alberto Pader Villarreal.

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